12.10.2005
Bizarro show.
Bajamos las largas escaleras y enfilamos por la estrecha avenida hacia la plaza. Atrás quedó la discoteca y como en otras madrugadas se nos abrió el apetito. Llegamos al “Pollo Fuentes”, cada uno compró la porción de papas fritas tradicional y continuamos. También como otras noches -para acortar camino- entramos al oscuro sitio eriazo, sorteamos la basura, corrimos el mismo tablón, nos agachamos, salimos y la plaza estaba enfrente. De ahí habían solo unas tres cuadras a nuestras anheladas camas.El Potrillo lo vio antes que nosotros, de casi dos metros, estaba sin polera, muy pálido –el típico ropero de ¾- y bravuconeaba con otro, harto mas chico pero no menos fornido. Los conchesumadre, gil culeao y comentarios como “creís que te tengo mieo hueon” eran abundantes. Cómo no se veían armas nos quedamos, sentados en la cuneta tomamos palco y con nuestras porciones de papas vimos el precursor show de la WWF.
Durante unos tres minutos la pelea fue algo absurda, casi una película de Los Tres Chiflados, otra mas de pescadores borrachos, el contendor mas pequeño caló dos certeras patadas en los testículos, más un muy buen combo en medio hocico y cada vez que el torpe grandulón se le iba encima el chico lo esquivaba -cual ágil chimpancé- de circenses modos. Sin embargo, su ebriedad y la humedad del suelo lo hicieron resbalarse, fue apresado y con un demoledor abrazo de oso Goliat dejó con los pies en el aire a David, tras infinitos segundos lo tiró violentamente al asfalto y -hasta donde estuvimos- no se volvió a parar. Gemidos, lágrimas y revolcones fue lo último que recuerdo del caído.
A la semana, ya en mi casa, me enteré que el rival mas grande estaba siendo procesado, en tanto, el otro fue llevado grave al hospital regional. Hasta hoy siento estupor con su fatal suerte, se le habían soltado ambos riñones.
12.01.2005
Cajón made in China.
Para la funeraria “De La Hoz”, empresa familiar en la que trabajaba Raúl, mi ex compañero de Liceo –alias el Zorro De La Hoz-, este era otro servicio mas que terminaban en el Cementerio General de la ciudad, salvo por la gran asistencia de amigos, familiares y conocidos que acompañaban en su último adiós al difunto y por lo llorona que había resultado la viuda, que entre hipos y ahogados gemidos había sido centro de atención en la misa, mas que el festejado principal de estos eventos, el muerto.Al parecer allá somos bien ordenados pa’ morirnos, ya que mientras en el hall del cementerio se estaba llevando a cabo el cierre del entierro -que mi ex compañero había servido- con la ceremonia del abrazo de pésame, otra familia, tan populosa en acompañantes como la que les he hecho mención, venía llegando al Campo Santo, en una larga cuncuna de autos, micros y bicicletas.
La gente que estaba en el amplio hall captó la situación y espontáneamente se acomodaron a su derecha, sin dejar de continuar con el solidario rito. En tanto, hacia afuera y a contra luz se apreciaba como transportaban lentamente la mortuoria caja, a su cola y muy cerca se empezaron a ubicar los diversos acompañantes, que ordenadamente se fueron por el lado derecho con respecto al portal, con marcha muy lenta subieron las escaleras, como queriendo postergar lo mas posible el ya inevitable acto de encerrar en un nicho a su padre, hermano, esposo, amigo, etc, dependiendo de quien fuera el deudo.
El Zorro, cual notero de CQC, vestía de impecable terno y chunchules –léase corbata- y medio abstraído del contexto, comentaba con su hermano sobre las 600 personas que sumaban ambos entierros, cuando –inundándose en ese mismo instante por la confusión- escuchó un escandaloso y desgarrado grito de mujer mayor, ahí sintió que todo se movía en cámara lenta y con esa misma sensación advirtió que la masa de gente se movió con horror hacia atrás -como las ondas que provoca una piedra al caer en el agua-, en un nano segundo sus oídos se inundaron de incontables chillidos, con sus narices inhaló el desconcierto que cargaba el aire, con un ojo distinguió caras pasmadas y a una anciana que se desmayaba, con el otro, vio correr cuadro por cuadro a los encargados de la otra funeraria, los siguió con toda la vista y entendió todo.
El ataúd se había desfondado y el blancucho y tieso muerto que de la cintura pa’bajo solo vestía de calzoncillos y calcetines yacía en la fría baldosa del hall,... mientras la viuda totalmente de negro, hincada a su lado, agitando las manos al cielo le decía con gritos de reprimenda una y otra vez: ¡¡¡¡Pedro, hasta última hora me haces estos espectáculos!!!!, ¿¿¡¡POR QUEEE??!!.